Los chicos retuvieron el título ganado en el 2022, en una final con todos los condimentos.
La formación de las tres parejas que juegan el match es un partido de ajedrez. El cuerpo técnico no solamente tiene que ver cuáles son los seis jugadores que entran a la cancha. También tiene que ver cómo los empareja para que rindan más, en qué orden los pone (por ejemplo, en Doha la pareja uno seguramente iba a jugar con más temperatura que la tres), y con qué rivales pueden llegar a cruzarse.
Y ese juego de ajedrez, cuando los capitanes presentaron sus formaciones, había cerrado con tablas. Parecía que cualquiera de los tres partidos iba a ser peleado. Podía ser para cualquiera. Ahí se acabó el ajedrez, y empezó el pádel.
En el primer punto el equipo técnico de Argentina vuelve a juntar a los Súperpibes: Di Nenno y Stupaczuk abren la serie. Enfrente, Coello, con su poder de definición, junto a un siempre seguro Coki Nieto, salen a defender los colores de España.
Y Coello, en estado de gracia, haciendo gala de su poder de definición y aprovechando la rapidez de la pista que dabe la alta temperatura, demostró porqué integra la pareja uno del ránking. Un fácil 6/1 y 6/2 para España.
En el segundo punto, el técnico español es el que recurre a una vieja pareja: sorprende (o no) juntando a Lebrón y Galán. Juntos fueron pareja uno del mundo durante cuatro años (positivo), pero no terminaron en buenas relaciones (negativo), y además Lebrón este año cambió de lado y lleva unos seis meses jugando en el revés con Di Nenno (negativo también). Y el otro punto negativo es que enfrente les tocó la pareja más fuerte de Argentina. Agustín Tapia, el Mozart de Catamarca, integrante de la pareja uno del mundo junto a Coello, y Fede Chingotto, pareja dos junto a quien tenía enfrente, Ale Galán.
El nivel fue excelso, la apuesta por Galán/Lebrón estuvo acertada por parte de Juanjo Gutiérrez (aunque muy criticada), y nos brindaron un partido memorable. 7/6, 3/6 y 6/2 para los argentinos y poner la serie 1/1. A definir todo en el tercer punto.
En el último punto Argentina se jugó y puso a dos rookies. Tino Libaak y Leo Augsburger, con 19 y 20 años y siendo su primer mundial, tenían que cerrar, con toda la presión que ésto implica, y ante Yanguas y Paquito Navarro. Que no solamente están mucho mejor en el ránking, también era importante la experiencia de Paquito: ex número uno del mundo, más muchísimas batallas en su carrera. Además había que sumar las controversias que habían tenido los chicos en la última semana, con sorpresivo cambio de marca, y pelea representante vs. marca. ¿No los iba a desenfocar?
Cuando el primer set fue para el lado de España por 6/3, el ambiente en el banco ibérico era de fiesta. Con la experiencia de Paquito no se les podía escapar. Pero los chicos pusieron toda la garra, se llevaron el segundo por 7/5 y llevaron el tercero al 4/5. Todo se definía en tres o cuatro games. O en uno. Y pasó lo inesperado. Leo va al fondo, a buscar una salida de pared. Hace paso en falso y se agarra la pierna. Calambre.
Los corazones de todos los argentinos se paralizaron. El de los españoles también, claro, pero de otra manera. Los que saben dicen que es muy difícil jugar contra un jugador lesionado, o acalambrado. Y este partido fue el mejor ejemplo. Los chicos argentinos salieron a quemar las naves. A intentar definir todo rápido. A ponerle épica. Tino se multiplicó, lo miraba a Leo, se besaba la camiseta y le decía «por Argentina». Los españoles se vieron apabullados, no supieron elegir los tiros, los momentos y lugares para presionar, y se llegó a un tie break que los chicos argentinos se llevaron a lo guapo.
7/2 en el tie break del tercer set del tercer partido, de una final que tuvo todos los condimentos. Ajedrez, regresos rutilantes de parejas, emoción, épica y garra. Y por supuesto, la explosión de dos juveniles argentinos que vivieron un primer mundial que no se van a olvidar en su vida.
