El conocimiento y la aplicación de estos conceptos es fundamental para quienes buscan maximizar sus ganancias en fuerza e hipertrofia. La clave está en utilizarlos de manera complementaria, ajustando la intensidad y la carga de trabajo.
Por Ezequiel Barletta
Tendríamos que irnos hasta el 1700 para poder encontrar los primeros signos de renacimiento de la educación física en Alemania, Suecia y algunos otros países europeos. Es en Alemania, Francia y Suecia donde antes del 1800 los sistemas de gimnasia se originaron, a menudo como respuesta a situaciones políticas que demandaban una mejor preparación física de los ciudadanos, en gran parte, para la eficacia en los combates.
Pero saltemos un siglo y un poco más, y vayámonos a mediados de 1980. Década que además de ser un icono para la música, también fue en la que comenzó a popularizarse el fisicoculturismo. Durante esos años comenzábamos a ver más lugares llamados gimnasios, donde las personas concurrían a levantar peso y a “tener músculos”, frase que todos de adolescentes hemos pronunciado alguna vez. No era habitual en aquel entonces tener artículos o libros de cómo hacer tales o cuales ejercicios o rutinas, por lo que eran los instructores o artículos de revistas expertas los que nos ayudaban a entrenar.
Leé la nota en la Edición 380.
