Todos podemos bailar

Erradicar el pensamiento y las barreras que impiden al individuo acercarse a una clase es tarea importante en la que debemos trabajar profesores, bailarines profesionales y la sociedad en general.

Al subir al subte me encontré con un joven de unos 20 años de edad que utilizaba las barras amarillas de la formación para colgarse e impulsar cada una de las piruetas que realizaba siguiendo el ritmo de una vieja canción de Shakira. Sí, se ganaba la vida bailando y pasando su bolso al finalizar cada una de sus presentaciones para recaudar algunas monedas o incluso algún que otro billete. Creo que además del incentivo económico recuperaba día a día la confianza que puede perderse debido a una capacidad diferente que lejos estaba de ser un obstáculo a la hora de bailar.

Pensé entonces en aquellas personas que dicen no tener oído para aprender a bailar cuando pueden en realidad entablar conversaciones verbales sin impedimento alguno. Y creo en este sentido que es necesario modificar algunos dichos populares tales como: “Soy de madera”; “Tengo 2 caderas”, “Tengo un tapón en el oído” ó “Tengo cero movilidad” para ayudar y poder integrar a quienes se ven con esta dificultad a una clase de ritmos. Pensemos en los hipoacúsicos, los no videntes y en los adultos mayores entre otros tantos que no percibieron obstáculo alguno y se lanzaron a clases de baile.

Recuerdo el caso de Nina, una señora que comenzó a tomar clases de salsa conmigo cuando ella estaba cumpliendo 70 años. Creí que Nina sería de las alumnas que solo buscan escuchar música y moverse un poco, pero mi suposición era vaga comparado a lo que ella pretendía. Tres años después de esa primera clase estábamos bailando una coreografía enérgica con trucos, giros y piruetas para un programa de TV y fuimos invitados a varios certámenes y programas de TV para exhibir nuestro trabajo. Destaco que el verla bailar daba gusto y lejos quedaba el hecho de ser una señora de edad avanzada moviéndose al compás de la salsa en un escenario, ya que logró con mucho esfuerzo realizar lo que jóvenes de 20 años pueden hacer.

Darío nació con los tendones de ambas piernas extremadamente cortos, al dar sus primeros pasos a los pocos meses de nacido tanto los médicos como sus padres notaron que su andar era en puntas de pié. El niño tuvo varias operaciones y considera que reaprendió a caminar a los 11 años de edad. De muy pequeño observó a sus hermanas tomar clases de tango y folklore, motivado por ellas y la seducción de la música y el movimiento no tardó en iniciar sus lecciones de baile. Darío aprendió a bailar e integró durante muchos años un reconocido ballet estable de danzas portuguesas.

Quizás muchos recuerden a Serafín, un bailarín ciego que emocionaba allá por el año 2008 en las galas de Bailando por un sueño. Guiado por altavoz por su coach para poder seguir coreografías de diferentes ritmos, demostró que alguien incapaz de poder ver puede bailar. Al comenzar algunos cursos y seminarios, gusto mucho de dar una charla inicial e interactiva para así conocer a los integrantes de la clase. En un curso que dicté hace varios años pedí a cada persona que se presentara, noté un acento ó expresión diferente al oír la voz de Paula.

Al finalizar la clase se acercó a conversar y me contó que le encantaba bailar pese a no poder escuchar nada, ella se sentía invadida del deseo de bailar al ver a otros hacerlo y se consideraba una excelente imitadora. De allí que lograba bailar como todos sus compañeros. Confieso que no me di cuenta que tenía entre mi alumnado a una persona hipoacúsica. Ma-li, una promesa de bailarina profesional china,perdió su brazo derecho en un trágico accidente. Tras superar varios intentos de suicidio es hoy un símbolo nacional junto a Zhai Xiaowei, un joven que perdió a los 4 años de edad su pierna izquierda. Juntos fueron finalistas de entre 7000 competidores del concurso nacional de danza en China.

Trabajando en torneos tuve la oportunidad de ver la presentación de Yael, una bailarina de danzas árabes de Buenos Aires que se animó a la competencia. Sin brazos y con una evidente diferencia de longitud de ambas piernas obtuvo, además de un excelente lugar en el podio, la ovación del público y el aplauso de pié por parte de todo el jurado.

Por todo esto y recordando a bailarines con síndrome de down, edad avanzada, hipoacúsicos, no videntes ó en una silla de ruedas sé que el baile está al alcance de todos, solo es cuestión de animarse, ser perseverante, tener algo de paciencia y buscarse un profesor capacitado y responsable deseoso de enseñar. Recordá que las clases de baile son para enseñar a bailar. Si sos profesor no busques a las personas con más potencial, trabaja con todos por igual, ya que de lo contrario no estarás haciendo correctamente tu trabajo. Si sos o pretendes ser alumno no pongas como excusa el no saber moverte o coordinar ya que si supieras hacerlo no existirían las clases. Todos podemos bailar, solo es cuestión de dar el primer paso o movimiento.

Por Adrián Muñoz
Director de Danzas del Caribe. www.danzasdelcaribe.com.ar

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