En los primeros años de edad los niños experimentan sensaciones y momentos que enriquecen el área motriz, entre otros beneficios. De allí la importancia de una correcta planificación de la clase.
Por Prof. Vanina Delfino*
Nadar es la acción o efecto de mantenerse en la superficie del agua, dominando el medio acuático de forma básica para poder desplazarse a través del agua en forma eficiente.
Ahora bien… Para que esto suceda en edades tempranas es muy importante plantear como objetivo primordial de la natación el bienestar del niño y su desarrollo cognitivo a través del juego y del placer, compartiendo el encuentro con sus padres en el agua.
Asimismo, es oportuno adecuar permanentemente las actividades y propuestas en función de las necesidades y capacidades del niño, conforme a la dinámica de los cambios en las distintas áreas de desarrollo (afectiva, cognitiva y motriz).
No plantearnos objetivos puntuales desde lo técnico, como podría ser, por ejemplo, la inmersión por encima de la voluntad o la capacidad del niño, sino procurar que cada adquisición se desprenda y constituya una consecuencia del placer.
Leé la nota en la Edición 369.
